El caso es que después del malísimo día del domingo en el que por la tarde me centré en descansar para que todo volviera a la normalidad, la cosa ha mejorado pero el mal no ha desaparecido. El caso es que el lunes por la mañana seguía encontrándome bastante mal, pero por la tarde parecía que estaba mejor… hasta que tuve que abandonar el entreno de natación en el último 500 con una tiritona bastante importante (pero bueno, al menos cayeron casi 3000m, que no está mal), y las malas sensaciones se las achaqué en principio a la relación de odio que mantenemos el agua y yo desde el parón por la caída.
El martes la idea era correr incluyendo un 3x2000 r/2’ a ritmo de competición y luego ir a la pisci para hacer 3x750 idem antes de ir al fisio. Pues bien, ambos entrenamientos tuve que dejarlos a medias. La carrera a pie fue horrible, sintiéndome sin fuerzas y, a partir del primer 2000, hasta mareada. Claro que siendo las 18h, a 36ºC y un viento que tiraba los árboles (literalmente… uno se rompió a mi lado), pues casi parece hasta normal, así que solo conseguí hacer 2 bloques y 45” del 3º hasta que decidí abandonar ante el miedo a que me diera un jamacuco, porque en esas condiciones era el único alma en el Parque Central y a saber qué podía ser de mí…
Así que a la pisci. Caliento, malas sensaciones… otra vez. Bien, intentemos empezar los bloques. Empiezo y voy lenta, muy lenta, y esta vez no es porque no coja agua… parece que cojo, pero no tengo fuerzas para empujarla. Intento ir más rápido pero el cuerpo no responde. Ni quiera me cuesta respirar y puede que hasta vaya por debajo del umbral aeróbico, pero intento apretar y no puedo. Termino el 750; miro el reloj: a 1:40/100… me salgo de la piscina porque para qué seguir…
Y ya es cuando dejo de ponerme excusas y de achacar las cosas a una causa u otra. Esa sensación de que el cerebro da la orden de apretar y el cuerpo no responde que he estado teniendo desde el domingo hasta ayer me es demasiado familiar… es más, desde marzo hasta bien entrado mayo es precisamente la sensación que imperaba en mis entrenamientos (antes de eso directamente no se pueden ni llamar entrenamientos y después la verdad es que estaba encontrándome bastante bien…). Es una sensación muy clara y muy reconocible, así que no hay duda del motivo (pienso que quizá lo único que se le pueda parecer es tener una anemia muy fuerte, pero es que con esto además de la flojera y la falta de “cambio” tengo dolor de cuerpo en general, que hasta levantar el codo sin estar dentro del agua me cuesta trabajo).
Pero hoy por hoy tengo fe en poder recuperarme para el sábado. Ayer estuve haciendo 1 horita de rodillo (porque intentamos salir a la calle y casi salimos volando por el viento) y me encontré algo mejor, aunque en el rodillo es difícil evaluarlo. Hoy toca descanso total y mañana intentaré hacer un poquito de cada disciplina e intentaré que con algo de chispa (al menos mi cerebro mandará esa señal, pero a saber si el cuerpo hace caso o no), a ver qué tal reacciona el cuerpo. Espero poder tener algo de “cambio” para el sábado, porque aunque es algo larguillo, Pálmaces se hace a ritmo fuerte. Y, si no, pues lo haremos despacio, que fondo tengo, pero al trantrán (de hecho mi salida de bici más larga la hice este marzo (105km) sin problema, pero despacíiiito) , que si no se puede, no se puede.
Al final también es verdad que hace 6 meses lo veía todo negrísimo y la realidad es que la temporada está saliendo bastante mejor de lo que pensaba, así que esto se quedará solo en una piedrecilla en el camino...




Voy a pedirle a mis compis unas clasecillas de meterse en el agua...



