jueves, 27 de julio de 2017

El "WHY"

He de reconocer que en los últimos años me cuesta muchísimo sacar un rato para leer, cosa que antes de ser mamá, sí que solía hacer pero, aunque ahora las prioridades son otras, sí que alguno consigo terminar (tras unos cuantos meses, eso sí ;-)). El último ha sido un libro que me pasó mi compi de trabajo alemán Christoph llamado “Start with Why”, de Simon Sinek, que muchos conoceréis por su famosa charla sobre los millenials (entre otras TED Talks y demás, muchas sobre este tema del "why").



Fundamentalmente habla de que en los negocios y la vida, aquellas personas o empresas que realmente tienen éxito, los líderes, son aquellos que hacen las cosas basándose en el “porqué”, en vez de en el “qué” o en el “cómo”. Éxito no en el sentido de tener más poder o ganar más dinero (o al menos no necesariamente), sino en ser capaces de inspirar a otros.

Se basa en la relación entre ese “porqué” y la parte más emocional de nuestro cerebro, la zona límbica. Es decir, lo que nos inspira no está localizado en la parte racional, el neocórtex, sino en esa zona límbica que es la que dispara las mariposas en el estómago ;-).

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Por ejemplo, habla bastante de Apple. Ellos no venden lo buenos que son sus equipos electrónicos a nivel técnico (bueno, al menos Jobs no se centraba en eso),  las capacidades que tienen o lo que son capaces de hacer, o cómo lo envuelven en un bonito diseño. Ellos lo que te venden es que tener un Apple te hace sentir especial. En que cuando abres tu Macbook o coges tu iPhone y sabes que los demás ven la manzanita, te sientes “cool”, como parte de una familia exclusiva (a mí no me miréis, que yo soy de Windows y Android ;-)).

Mientras estaba leyéndolo me venía a la cabeza que este nuestro deporte también tiene que estar ligado a esa parte emocional del cerebro (y que, además, empresas como Ironman, lo saben y se agarran a ello para ser líderes en este mercado... cómo les gusta tocarnos la fibra con sus vídeos, ¿eh? ;-)). No creo que haya nada racional en dedicarle tantas horas y tanto esfuerzo a algo que es nuestro hobby por algo que se pueda explicar con un razonamiento puro (salvo quizá en los profesionales, que no deja de ser su trabajo, así que imagino que muchas veces tienen que hacer cosas por lo que deben o tienen que hacer, no por lo que sienten).

¿Os habéis preguntado cuál es vuestro “WHY”?. ¿Por qué hacéis triatlón?. Buena pregunta, ¿eh?.

Pues una de las cosas buenas de pasar tanto tiempo entrenando sola es que tienes mucho tiempo para la introspección, y haciéndome esta pregunta, yo diría que tengo dos “whys”: uno más personal, más “hacia dentro” y otro que quizá lo considere parte de mi contribución a este Mundo.

El primero, el personal, es porque me empodera. Cuando supero una semana de entrenamiento, o consigo sacar un entrenamiento exigente, y no digamos cuando consigo cruzar una meta de una competición, me siento poderosa. Siento que soy capaz de lograr cualquier cosa. Y ese sentimiento, hace que suba mi autoestima. Hace que sienta que puedo superar cualquier obstáculo que la vida me ponga por delante o que, al menos, tendré fuerzas para luchar. ¿Sabéis lo importante que es eso para todos los aspectos de la vida?. Entre otras cosas, ayuda a tener una actitud positiva y, sin duda, contribuye a la felicidad.


Obviamente habrá mucha gente a la que le inquiete esa seguridad en mí misma y ese entusiasmo y piensen que soy una flipada. Pero bueno, no todo el mundo tiene por qué congeniar y probablemente a mí ellos me parezcan unos tristes, así que estamos en paz. Sin acritud ;-).

El otro día en el trabajo hicimos un seminario de actitud positiva y la formadora comenzó con un ejercicio. Teníamos que dividir una hoja en blanco en tres columnas y escribir en cada una: 10 cosas que me gustan, 10 habilidades que posea y 10 logros (que no tenían por qué ser grandes logros, no importa que fueran pequeños, pero cosas que te sientas orgulloso de haber conseguido). En menos de 5 minutos tuve las columnas rellenas, mientras que el resto de la gente en general estaba atascada, especialmente en la columna de los logros, no logrando pasar de 3 o 4. Sólo 3 de mis logros tenían que ver con el deporte directamente, pero sin duda contribuyen a tener esa visión general del esfuerzo, de luchar por lo que quieres y de sentirte orgulloso cuando lo consigues que se contagia al resto de tu vida, logrando tener esa actitud positiva como una capacidad propia.

Es más, creo que el ponerse al menos un objetivo (que sea SMART), establecer el plan de acción detallado para conseguirlo y luchar por ello debería formar parte de cualquier tratamiento psicológico en casos de baja autoestima o actitud negativa (si es que no lo es ya).



Mi segundo “WHY” tiene que ver con mi proyección hacia fuera. Creo que es importante contribuir de algún modo u otro a este Mundo. Se puede hacer de mil formas, con pequeñas cosas o cosas más grandes, pero la satisfacción que produce el poder sacar una sonrisa de alguien, o un pensamiento positivo, o ayudar a alguien a sentirse mejor o ese tipo de cosas es enorme, así que aunque sea algo “hacia fuera”, no deja de tener también su punto “egoísta”.

Y ese “porqué” tiene que ver con la inspiración. Ese es uno de los motivos de la existencia de este blog, o de que os cuente cosillas en las RRSS. Todos tenemos la capacidad de influir en nuestro entorno, para bien o para mal. El entorno hoy en día ya no se reduce a tu círculo social más directo, sino que el círculo de influencia se ha ampliado de manera notable a través de la tecnología. Pues a mí me gusta creer que, con estas cosas, he podido influir positivamente en alguien de mi círculo de influencia. 

Aquí estamos Sergio y yo "inspirando" a nuestros compañeros de Airbus en un evento corporativo hace un par de años


Y así definiría ese “porqué” como el que me encanta tratar de romper lo establecido. Hay muchas veces que nos ponemos barreras a nosotros mismos porque tenemos entendido que tiene que ser así. Por ejemplo. Cuando yo empecé en el triatlón, los compañeros que se dedicaban a la larga distancia nos contaban que para hacer Ironman tenías que entrenar unas 20 horas semanales, así que obviamente tenías que tener un trabajo y una condición familiar que te lo permitiera. Por eso yo, en aquel momento estudiante de Ingeniería de Teleco, entendí que nunca podría hacer IM y lo tomé como un axioma (de hecho antiguos compañeros aún me recuerdan que dijera eso ;-)). Pero el tiempo fue pasando y empecé a cuestionármelo… ¿y por qué no?, ¿y si podía?. Así que analicé las opciones, estudié un poco, establecí un plan y me puse a ello. El resultado ya lo conocéis.



Lo mismo ha pasado con otras cosas, entre ellas, con competir en élite en distancia olímpica habiendo empezado a nadar con 25 años, con “entrenar” durante el embarazo, con mantener una lactancia prolongada entrenando y compitiendo, con seguir haciendo triatlón y larga distancia tras ser madre, etc. Por supuesto no soy la primera ni la única (afortunadamente hay otras personas que, no sé si consciente o inconscientemente, también tienen este “porqué” y me han servido de inspiración en un momento u otro), pero sí que rompe con lo que muchas veces se da por sentado así que, si con ello consigo que alguien que se plantee algo así u otra cosa que también se salga un poco de los cánones o de la “zona de confort”, algo que le apetece hacer pero que cree que no será posible porque “no es lo normal” y se esté autobloqueando, se lo replantee y, al menos, lo ponga en duda, ya me doy por más que satisfecha. "Porque, si ella puede, ¿por qué no voy a poder yo?". La duda es el primer paso para romper barreras.

Tengo la inmensa suerte de que me consta que hay algunas personas con las que así ha sido y les agradezco enormemente que me lo hayan hecho saber, porque así una parte de “mi contribución al Mundo” se va dando por satisfecha y, volviendo a la felicidad y la autoestima, esto contribuye sin duda.

Y aquí termina este momento de reflexión de hoy. Espero no haberos movido a comeros mucho la cabeza con esto… o sí ;-).
 

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